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Los 5 mitos de la autocompasión

¿Qué nos impide ser más amables con nosotros mismos?

 

La mayoría de la gente no tiene ningún problema con la visión de la compasión como una cualidad totalmente encomiable.  Ésta parece referirse a una amalgama de incuestionablemente buenas cualidades: la amabilidad, la misericordia, la ternura, la benevolencia, la comprensión, la empatía, la simpatía, junto con el impulso de ayudar a otros seres vivos, humanos o animales, en peligro.  

 

 

Sin embargo, no estamos tan seguros en lo que respecta a la auto-compasión. Para muchos, ella tiene el aroma de todos esos otros malos términos como: autocompadecerse, estar al servicio de los propios intereses, la auto-indulgencia, estar centrado en uno mismo, o simplemente ser egoísta. Muchas generaciones, apartadas de los orígenes puritanos de nuestra cultura, parece incluso que todavía creemos que si no nos culpamos y castigamos a nosotros mismos por algo, corremos el riesgo de la complacencia moral, el egotismo fuera de control, y el pecado de la soberbia.

 

Consideremos a Rachel, una ejecutiva de marketing de 39 años de edad, con dos hijos y un marido que la quiere. Una persona profundamente amable, esposa dedicada, madre involucrada, buena amiga, y trabajadora dura, que hasta encuentra tiempo para ser voluntaria de dos organizaciones benéficas locales. En resumen, un modelo de mujer ideal, según parece. Pero Rachel está haciendo terapia debido a sus altos niveles de estrés. Está cansada todo el tiempo, deprimida, no puede dormir. Experimenta problemas digestivos crónicos de bajo nivel y, a veces, para su horror, estalla con su marido e hijos. Mientras pasa por todo esto, es muy dura consigo misma, siempre con la sensación de que, haga lo que haga, nunca es lo suficientemente bueno. Sin embargo, nunca consideraría tratar de ser compasiva con ella misma. De hecho, la misma idea de abandonar su auto-agresión, ofreciéndose un poco de amabilidad y comprensión, la hiere, como si fuera algo infantil e irresponsable.  

 

Y Rachel no está sola. Mucha gente en nuestra cultura tiene dudas acerca de la idea de la auto-compasión, tal vez porque no saben muy bien lo que es realmente, y mucho menos cómo practicarla. A menudo, la práctica de la auto-compasión se identifica con la práctica de mindfulness o atención plena, ahora tan omnipresente como el sushi en Occidente. Pero mientras que mindfulness -con su énfasis en estar experiencialmente abierto y ser conscientes de nuestro propio sufrimiento, sin quedarnos atrapados en él ni  ser barridos por la reactividad de rechazarlo-  es necesario para la auto-compasión, deja fuera un ingrediente esencial.

 

Lo que distingue a la auto-compasión es que va más allá de la aceptación de nuestra experiencia tal como es y añade algo más: abrazar al experimentador (es decir, a nosotros mismos) con calidez y ternura cuando nuestra experiencia es dolorosa. La auto-compasión también incluye un elemento de la sabiduría: el reconocimiento de nuestra humanidad común. Esto significa aceptar el hecho de que somos, junto con todos los demás seres del planeta, individuos defectuosos e imperfectos, con la misma probabilidad que cualquiera de ser golpeado por los vaivenes y las flechas de terribles (pero perfectamente normales) desgracias. Esto suena obvio, pero es curioso lo fácilmente que lo olvidamos. Caemos en la trampa de creer que las cosas se "supone" que han de ir bien y que cuando cometemos un error o aparece alguna dificultad, algo debe haber ido terriblemente mal. (Oh, perdón. Tiene que haber algún error. Yo firmé para el plan de ‘todo-va-a ir-de maravilla-hasta-el-día-en que muera’. ¿Puedo hablar con dirección por favor?)

 

La sensación de que ciertas cosas "no deberían" estar sucediendo nos hace sentir tanto avergonzados como aislados. En esos momentos, recordar que no estamos realmente solos en nuestro sufrimiento, que las dificultades y la lucha están profundamente arraigadas en la condición humana, puede marcar una diferencia radical.  

 

Recuerdo estar sentada en el parque con mi hijo, Rowan, cuando él tenía unos cuatro años de edad, en el punto álgido de su autismo. Yo estaba sentada en el banco, viendo a todos los niños felices jugando en los columpios, persiguiéndose unos a otros y divirtiéndose, mientras Rowan estaba sentado en la parte superior del tobogán golpeando repetidamente con su mano (algo conocido como stimming).  Confieso que empecé a descender por el camino de auto-compadecerme: "¿Por qué no puedo tener un niño "normal"como todo el mundo?,¿Por qué soy la única que lo está pasando tan mal?” Sin embargo, años de práctica de auto-compasión me dieron la suficiente presencia de ánimo para pillarme a mí misma, hacer una pausa, tomar una respiración profunda, y tomar conciencia de la trampa en la que estaba cayendo.  

 

Con un poco de distancia de mis pensamientos y sentimientos negativos, miré a las otras madres y sus hijos y pensé, "Estoy asumiendo que estos niños van a crecer y tener unas vidas sin preocupaciones ni problemas, que ninguna de estas madres tendrá que luchar mientras cría a sus hijos. Pero, por lo que sé, algunos de estos niños podrían desarrollar problemas graves de salud mental o física, o ¡volverse gente no muy agradable! No hay ningún niño perfecto ni ningún padre que no pase por algún tipo de dificultad o reto con sus hijos en algún momento”.  
Y en ese momento, mis sentimientos de intenso aislamiento se convirtieron en sentimientos de profunda conexión con las otras madres del parque, y con los padres de todo el mundo. Amamos a nuestros hijos pero, maldita sea, ¡es duro a veces! Por extraño que pueda parecer, practicando la auto-compasión mientras salimos del paso, no 
nos sentimos tan solos.  

 

Afortunadamente, esto no es solo un deseo o una ilusión creada por otro enfoque de auto-ayuda. De hecho, ahora hay un cuerpo de investigaciones impresionante y creciente que demuestra que relacionarnos con nosotros mismos de manera amistosa y amable es esencial para el bienestar emocional. No sólo nos ayuda a evitar las consecuencias inevitables de la dura auto-crítica, la depresión, la ansiedad y el estrés, sino que también engendra un enfoque más feliz y esperanzado de la vida. Más específicamente, la investigación demuestra la falsedad de muchos de los mitos comunes acerca de la auto-compasión que nos mantienen atrapados en la prisión de la autocrítica implacable. Aquí exponemos cinco de ellos:  

 

MITO 1 : La auto-compasión es una forma de auto-compadecerse  

 

Uno de los mayores mitos sobre la auto-compasión es que significa sentir lástima por uno mismo. De hecho, como mi propia experiencia en el parque ejemplifica, la autocompasión es un antídoto al auto-compadecerse y a la tendencia a quejarse de nuestra mala suerte.  

Esto no se debe a que la auto-compasión nos permite desconectar de las cosas malas; de hecho, nos vuelve más predispuestos a aceptar, experimentar, y reconocer sentimientos difíciles con amabilidad – lo que paradójicamente nos ayuda a procesarlos y dejarlos ir más plenamente. La investigación demuestra que las personas auto-compasivas son menos propensas a ser absorbidas por pensamientos de auto-pena sobre lo mal que están las cosas. Esa es una de las razones por las que las personas auto-compasivas  gozan de mejor salud mental.  

 

Un estudio realizado por Filip Raes en la Universidad de Lovaina examinó la asociación de la auto-compasión con el pensamiento rumiativo y la salud mental de los estudiantes en su universidad. Primero evaluó cómo los participantes estaban usando el test sobre el nivel de auto-compasión que desarrollé en 2003, que pide a los encuestados que indiquen la frecuencia con que se involucran en comportamientos que corresponden a los elementos principales de la auto-compasión. Los ejemplos incluyen frases como "Trato de ser comprensivo y paciente hacia los aspectos de mi personalidad que no me gustan"; "Cuando las cosas me van mal, veo las dificultades como parte de la vida por las que todo el mundo pasa"; y "Cuando sucede algo doloroso, trato de tener una visión equilibrada de la situación."  

 

Raes descubrió que los participantes con mayores niveles de auto-compasión tendían a darle menos vueltas a sus desgracias. E incluso comprobó que esa menor tendencia a la rumiación ayudaba a explicar por qué los participantes auto-compasivos reportaban menos síntomas de ansiedad y depresión.  

 

MITO  2:  Auto-compasión significa debilidad  

 

John siempre se había considerado un pilar de fortaleza -un marido ideal y un proveedor. Así que se sintió devastado cuando su esposa lo dejó por otro hombre. Atormentado en secreto por la culpa de no haber hecho más por satisfacer las necesidades emocionales de su mujer antes de que ella buscara consuelo en los brazos de otro, no quería admitir lo herido que aún se sentía y lo difícil que era para él seguir adelante con su vida.  

 

Cuando su colega le sugirió que intentara ser compasivo consigo mismo con respecto a su divorcio, su reacción no se hizo esperar: "No me vengas con historias de corazones y flores! La auto-compasión es para cobardes. He tenido que ser duro como un clavo para poder pasar por el divorcio con cierta apariencia de respeto hacia mí mismo, y no voy a bajar la guardia ahora".  

 

Lo que John no sabía es que en lugar de ser una debilidad, los investigadores están descubriendo que la auto-compasión es una de las fuentes más poderosas de afrontamiento y resiliencia que tenemos disponible. Cuando pasamos por grandes crisis vitales la auto-compasión parece marcar la diferencia en nuestra capacidad para sobrevivir e incluso prosperar. John asumía que ser un tipo duro durante su divorcio – reprimiendo sus sentimientos y no admitiendo por cuanto dolor estaba pasando- es lo que le iba a ayudar a superarlo. Pero no lo estaba superando: estaba estancado, y la autocompasión era la pieza que faltaba que probablemente le hubiera ayudado a seguir adelante.  

 

David Sbarra y sus colegas de la Universidad de Arizona examinaron si la autocompasión ayuda a determinar cómo se adaptan de bien las personas a un divorcio. Los investigadores invitaron a más de 100 personas recientemente separadas de sus cónyuges a entrar en el laboratorio y hacer una grabación de cuatro minutos sobre sus pensamientos y sentimientos acerca de la experiencia de la separación. Cuatro jueces entrenados codificaron después cuan auto-compasivas eran sus diserciones, usando una versión modificada de la escala de la auto-compasión. Se dieron puntuaciones bajas a los participantes que dijeron cosas tales como: "no sé cómo me las arreglé para hacer esto. Todo fue culpa mía. Le aparté por alguna razón. Necesitaba tanto a mi esposo/a, todavía le necesito. ¿Qué he hecho? Sé que lo hice todo mal”. Recibieron puntuaciones altas las personas que decían cosas como: "Mirando hacia atrás, tienes que sacar lo mejor de la situación y avanzar desde ahí. Simplemente perdónate a ti mismo y a tu ex por todo lo que hicisteis o dejasteis de hacer”. 

 

 Los investigadores descubrieron que los participantes que mostraron más autocompasión cuando hablaban de su ruptura evidenciaron un mejor ajuste psicológico al divorcio en el momento, y que este efecto persistió nueve meses más tarde. Los resultados se mantuvieron incluso cuando se controlaron otras  explicaciones posibles, como los niveles iniciales de autoestima de los participantes, el optimismo, la depresión o el apego seguro. Estudios como éste sugieren que no es sólo lo que afrontas en la vida, sino cómo te relacionas contigo mismo cuando las cosas se ponen difíciles –como tener un aliado o un enemigo interno-, lo que determina la capacidad de hacer frente a estas situaciones con éxito.  

 

MITO 3 : La auto-compasión me hará complaciente  

 

Tal vez el mayor bloqueo a la auto-compasión es la creencia de que va a socavar nuestra motivación para hacer las cosas mejor. La idea es que si no nos criticamos a nosotros mismos por no estar a la altura de nuestros estándares, vamos a sucumbir automáticamente al derrotismo perezoso. Pero pensemos por un momento cómo los padres motivan a sus hijos con éxito. Cuando el hijo adolescente de Rachel llega a casa un día con un suspenso en Inglés, ella podía haberlo mirado con disgusto y murmurar: "Niño estúpido! Nunca llegarás a nada. Me avergüenzo de ti!" (o debería darte vergüenza).

 

Esto te hace temblar, ¿no? Sin embargo, ese es exactamente el tipo de cosas que Rachel se dice a sí misma cuando no cumple con sus propias expectativas. Pero lo más probable es que, si en lugar de motivar a su hijo, hace caer sobre él este torrente de vergüenza, él acabe por perder la fe en sí mismo y con el tiempo deje de intentarlo.  Alternativamente, Rachel podría adoptar un enfoque compasivo diciendo: "Oh cariño, debes estar tan preocupado. Oye, dame un abrazo. Nos pasa a todos. Pero necesitamos que apruebes inglés porque sé que quieres ir a una buena universidad. ¿Qué puedo hacer para apoyarte y ayudarte? Yo creo en ti”.

 

Nótese que hay un reconocimiento honesto del fallo,  empatía por la infelicidad de su hijo, y estímulo para ir más allá o para gestionar este bache momentáneo de la carretera. Este tipo de respuesta cuidadora nos ayuda a mantener nuestra auto-confianza y a sentirnos emocionalmente apoyados. Irónicamente, aunque Rachel  jamás hubiera soñado darle la primera respuesta a su hijo, ella sin duda cree que la auto-flagelación es necesaria para que ella logre sus objetivos. Y asume que su ansiedad, depresión y estrés son el resultado de no esforzarse lo suficiente.  
Pero ahora hay una enorme cantidad de investigación que demuestra claramente que la auto-compasión es una fuerza mucho más eficaz para la motivación personal que el auto-castigo.  

 

Por ejemplo, una serie de experimentos de investigación de Juliana Breines y Serena Chen, de la Universidad de California en Berkeley, examinaron si ayudar a los estudiantes universitarios a ser más auto-compasivos les motivaría a hacer un cambio positivo. En un estudio, se pidió a los participantes que recordaran una acción reciente por la que se sentían culpables  - como hacer trampa en un examen, mentir a su pareja, decir algo hiriente- algo que todavía les hacía sentir mal consigo mismos cuando pensaban en ello. A continuación, fueron asignados aleatoriamente a una de las siguientes tres condiciones. En la condición de la auto-compasión, los participantes fueron instruidos para escribirse a sí mismos una carta durante tres minutos desde la perspectiva de un amigo compasivo y comprensivo. En la segunda condición, los participantes fueron instruidos para escribir sobre sus propias cualidades positivas; y en la tercera, que escribieran sobre una afición de la que disfrutaban. Estas dos condiciones de control ayudaban a diferenciar la auto-compasión del diálogo interno positivo y de un estado de ánimo positivo en general.  

 

Los investigadores descubrieron que los participantes que fueron ayudados a ser autocompasivos sobre su reciente transgresión reportaron estar más motivados para pedir perdón por el daño causado y más comprometidos a no repetir el comportamiento de nuevo, más que los de las otras dos condiciones de control. La auto-compasión, lejos de ser una forma de evadir la responsabilidad personal, en realidad la fortalece.  Si podemos reconocer nuestras faltas y delitos con amabilidad: "Realmente la he fastidiado cuando me he enfadado tanto con ella, pero estaba estresado, y supongo que todos reaccionamos exageradamente alguna vez" -en lugar de la sentencia: "No puedo creer lo que le dije; Soy una persona horrible y cruel",  se vuelve mucho más seguro vernos con claridad. Cuando somos capaces de ver más allá de la lente deformante de la dura auto-crítica, nos ponemos en contacto con otras partes de nosotros mismos, las partes que se preocupan y quieren que todos, incluidos nosotros mismos, seamos lo más saludables y felices posible. Esto proporciona el estímulo y el apoyo necesario para hacerlo lo mejor posible y volverlo a intentar.  

 

MITO 4 : La auto-compasión es narcisista  

 

En la cultura americana, una autoestima elevada requiere destacar sobre la multitud, ser especial y estar por encima de la media. ¿Cómo te sientes cuando alguien califica tu rendimiento en el trabajo, o tus capacidades como padre, o tu nivel de inteligencia como medio? ¡Ay! El problema, por supuesto, es que, no obstante, es imposible que todo el mundo sea superior a la media al mismo tiempo. Podemos destacar en algunas áreas, pero siempre hay alguien más atractivo, exitoso e inteligente que nosotros -lo que significa que nos vamos a sentir fracasados cuando nos comparamos con aquellos que son "mejores" que nosotros. 

 

 El deseo de vernos a nosotros mismos superiores a la media, sin embargo, para conseguir y mantener ese elusivo sentimiento de tener una alta autoestima, puede conducir a un comportamiento francamente desagradable. ¿Por qué los jóvenes adolescentes empiezan a intimidar a los demás? Si puedo ser visto como un tío duro y guay en contraste con el rarito debilucho con el que me acabo de meter, tengo un subidón de autoestima. ¿Por qué tenemos tantos prejuicios? Si yo creo que mi género, grupo étnico, nacional o político es mejor que el tuyo, tengo un subidón de autoestima.  

 

De hecho, el énfasis puesto en la autoestima en la sociedad estadounidense ha dado lugar a una tendencia preocupante: los investigadores Jean Twenge -de la Universidad Estatal de San Diego, y Keith Campbell´- de la Universidad de Georgia, que han realizado el seguimiento de las puntuaciones de narcisismo de los estudiantes universitarios desde 1987, descubrieron que el narcisismo de los estudiantes de hoy en día está en los niveles más altos jamás registrados. Ellos atribuyen el aumento del narcisismo a padres y profesores bien intencionados pero equivocados, que les dicen a los niños cómo de especiales y geniales son, en un intento de aumentar su autoestima.  

 

Pero la auto-compasión es diferente de la autoestima. A pesar de que los dos están estrechamente vinculados con el bienestar psicológico, la autoestima es una evaluación positiva de la auto-valía, mientras que la auto-compasión no es un juicio o una evaluación en absoluto. En lugar de esto, la auto-compasión es la manera de relacionarse con el paisaje siempre cambiante de quienes somos con amabilidad y aceptación, sobre todo cuando fallamos o nos sentimos inadecuados. En otras palabras, la autoestima requiere sentirnos mejor que los demás, mientras que la auto-compasión requiere reconocer que compartimos la condición humana de la imperfección.  

 

La autoestima también es inherentemente frágil, rebotando arriba y abajo conforme a nuestro último éxito o fracaso. Recuerdo una vez en que mi autoestima se disparó y luego se estrelló contra el suelo en unos cinco segundos. Estaba visitando unas cuadras de equitación con unos amigos, y al instructor de equitación español le gustó aparentemente mi apariencia mediterránea. "Eres muuuuuuy hermosa," me dijo, mientras yo me sentí brillar con placer. Luego agregó: "No te afeites nunca tu bigote." La autoestima es un amigo del buen tiempo, está ahí para nosotros en los buenos tiempos, abandonándonos cuando nuestra suerte va hacia el sur. Pero la auto-compasión está siempre ahí para nosotros, es una fuente confiable de apoyo, incluso cuando nuestra suerte se ha estrellado. Todavía nos duele cuando se ha herido nuestro orgullo, pero podemos ser amables con nosotros mismos, precisamente porque nos duele. "Uau, eso ha sido bastante humillante, lo siento mucho. Sin embargo, está bien, estas cosas pasan".  

 

Hay una investigación sólida sobre la idea de que la auto-compasión nos ayuda en los buenos y malos momentos. Mark Leary y sus colegas de la Universidad Wake Forest llevaron a cabo un estudio en el que se pidió a los participantes hacer un video en el que presentarse y describirse a sí mismos. Por ejemplo, "Hola, soy Juan, un estudiante de ciencias medioambientales. Me encanta ir a pescar y pasar tiempo en la naturaleza. Quiero trabajar para el Servicio de Parques Nacionales cuando me gradúe", y así sucesivamente. Se les dijo que alguien vería su cinta y luego les evaluaría en una escala de siete puntos en términos de cuan cálido, amistoso, inteligente, simpático y maduro aparecieran. (El feedback era falso, por supuesto, dado por un cómplice del estudio). La mitad de los participantes recibió calificaciones positivas y los demás neutrales. Los investigadores querían examinar si los niveles de auto-compasión de los participantes (medidos por las puntuaciones en la escala de la auto-compasión), podrían predecir las reacciones al feedback recibido de manera diferenciada con respecto a sus niveles de autoestima (medidos por la Escala de Autoestima de Rosenberg).  

 

Descubrieron que las personas auto-compasivas reportaron reacciones emocionales similares en términos de lo felices, tristes, enfadados o tensos que se estaban sintiendo, independientemente de si el feedback había sido positivo o neutro. Las personas con altos niveles de autoestima, sin embargo, tendieron a molestarse cuando recibieron feedback neutral (¿Qué, estoy dentro de la media?). Fueron más propensos a negar que el feedback se debiera a su propia personalidad y lo atribuyeron a factores externos, como que el observador estaba de mal humor. Esto sugiere que las personas autocompasivas son más capaces de permanecer emocionalmente estables, independientemente del grado de alabanza que reciban de los demás. La autoestima, por el contrario, sólo prospera cuando las críticas son buenas, y puede conducir a tácticas evasivas cuando existe la posibilidad de enfrentar verdades desagradables acerca de uno mismo.  

 

MITO 5 : La auto-compasión es egoísta  

 

Muchas personas son sospechosas de la auto-compasión porque la confunden con el egoísmo. Rachel, por ejemplo, emplea gran parte de sus días cuidando de su familia y muchas de sus noches y fines de semana haciendo de voluntaria de las organizaciones benéficas que apoya. Educada en una familia que hizo hincapié en la importancia del servicio a los demás, ella asume que emplear su tiempo y energía siendo amable y cuidando de sí misma automáticamente significa que debe estar descuidando a todos los demás por sus propios fines egoístas. De hecho, muchas personas son como Rachel en esto: las almas buenas, generosas y altruistas, son perfectamente horribles consigo mismas pensando que esto es necesario para su bondad general.  

 

¿Pero la compasión es realmente un juego que suma cero? Piensa en las veces que te has perdido en la agonía de la autocrítica. ¿Estás centrado en ti mismo o en los demás en ese momento?, ¿Tienes más o menos recursos que ofrecer a los demás?. La mayoría de las personas descubren que cuando son absorbidas por la auto-crítica, en realidad tienen poco ancho de banda para pensar en otra cosa que no sea su propio ser inadecuado y sin valor. De hecho, machacarse a uno mismo puede ser una forma paradójica de egocentrismo. Cuando somos capaces de ser amables y nutrirnos a nosotros mismos, sin embargo, muchas de nuestras necesidades emocionales se cubren, lo que nos deja en una mejor posición para enfocarnos en otros.  

 

Por desgracia, el ideal de ser modesto, humilde y de ocuparnos del bienestar de los demás, a menudo viene con el corolario de que debemos tratarnos mal. Esto es especialmente cierto para las mujeres, sobre quienes la investigación indica que tienden a tener niveles ligeramente inferiores de auto-compasión que los hombres, incluso cuando tienden a ser más cuidadoras, empáticas y dadoras con los demás. Tal vez esto no es tan sorprendente, dado que a las mujeres se las educa para ser cuidadoras, para abrir sus corazones a sus maridos, hijos, amigos y padres ancianos, pero no se las enseña a cuidar de sí mismas. Mientras que la revolución feminista ayudó a expandir los roles disponibles para las mujeres, y ahora vemos más líderes mujeres en los negocios y en la política que jamás antes, la idea de que las mujeres deben ser cuidadoras desinteresadas en realidad no ha desaparecido. Es sólo que las mujeres ahora se supone que deben ser exitosas en sus carreras, además de las cuidadoras principales en casa.  

 

 

La ironía es que ser bueno contigo mismo de hecho te ayuda a ser bueno con los demás, mientras que ser malo contigo solo se interpone en el camino. Recientemente he realizado un estudio con mi colega Tasha Beretvas en la Universidad de Texas, en Austin, que ha explorado si las personas auto-compasivas eran más dadoras en su relación de pareja. Hemos reclutado a más de 100 parejas que habían estado en una relación romántica durante un año o más. Los participantes calificaron su propio nivel de auto-compasión utilizando la escala de la auto-compasión. A continuación describieron el comportamiento de su pareja en relación a una serie de medidas de autoreporte, también indicando qué tan satisfechos estaban con sus parejas.

 

Descubrimos que los individuos auto-compasivos fueron descritos por sus parejas como más cuidadores (por ejemplo, "es gentil y amable conmigo"), más capaces de aceptar (por ejemplo, "respeta mis opiniones"), que apoyaban la autonomía (por ejemplo, "me da tanta libertad como quiera"); más que sus contrapartes auto-críticas, que fueron descritos como más desapegados (por ejemplo, "no piensa mucho en mí"), agresivos (por ejemplo,"grita, da pisotones fuera de la habitación "), y controladores (por ejemplo, "espera que lo haga todo a su manera").  

 

Los participantes también reportaron estar más satisfechos y sentir un apego seguro en su relación con parejas auto-compasivas, lo cual tiene sentido. Si me estoy reteniendo a mí mismo y confiando en mi pareja para satisfacer mis necesidades emocionales, voy a comportarme mal cuando éstas no se cubran. Pero si yo mismo puedo darme atención y apoyo, para satisfacer muchas de mis propias necesidades directamente, voy a tener más recursos emocionales disponibles para dar a mi pareja.  

 

La literatura de investigación no aclara si la auto-compasión es realmente necesaria para ser compasivo con los demás, teniendo en cuenta que muchas personas hacen un muy buen trabajo de cuidar a los demás, mientras se estafan a sí mismos. Sin embargo, un creciente cuerpo de investigación indica que la auto-compasión ayuda a las personas a mantener el acto de cuidar a los demás. Por ejemplo, parece que los consejeros y terapeutas auto-compasivos son menos propensos a experimentar el estrés y el agotamiento del cuidador; que están más satisfechos con sus carreras y se sienten con más energía, felices, y agradecido por ser capaz de marcar una diferencia en el mundo.   

 

Debido a que hemos evolucionado como seres sociales, la exposición a las historias de sufrimiento de otros activa los centros del dolor de nuestro propio cerebro a través de un proceso de resonancia empática. Cuando somos testigos del sufrimiento de los demás diariamente, podemos experimentar angustia personal hasta el punto de agotarnos o quemarnos (burnout), y los cuidadores que son especialmente sensibles y empáticos pueden estar en mayor riesgo. Al mismo tiempo, cuando nos damos compasión, creamos una barrera protectora, lo que nos permite entender y sentir a la persona que sufre sin ser drenados por su sufrimiento. Las personas a las que cuidamos, toman luego nuestra compasión mediante su propio proceso de resonancia empática. En otras palabras, la compasión que cultivamos por nosotros mismos se transmite directamente a los demás.  

 

Sé esto de primera mano por mi experiencia de criar a un niño autista. Rowan tiene ahora 13 años, y aunque que puede ser un adolescente malhumorado, es un chico cariñoso, que plantea pocos desafíos a sus padres. Pero no siempre fue así. A menudo tuve que afrontar situaciones que pensaba que iban más allá de mi capacidad de hacerles frente y, a veces tuve que confiar en el poder de la auto-compasión para conseguir atravesarlas.  

 

Una vez, cuando Rowan tenía cinco años, le llevé a Inglaterra para ver a sus abuelos. En medio del vuelo transoceánico, cogió una rabieta omnipotente. No tengo idea de lo que lo disparó, pero de repente me encontré con un niño agitado gritando y un avión lleno de gente que nos miraba con ojos asesinos. ¿Qué hacer? Traté de llevarlo al baño con la esperanza de que la puerta cerrada silenciara sus gritos. Pero, después de arrastrarme por el pasillo, tratando de evitar que golpeara accidentalmente a otros pasajeros por el camino, me encontré con que el baño estaba ocupado.  

 

Acurrucada con Rowan en el pequeño espacio fuera del baño, me sentí impotente y desesperanzada. Pero entonces recordé la auto-compasión. “Esto es tan difícil para ti, cariño, me dije. Lo siento que esto esté sucediendo. Estoy aquí para ti”. Mientras me aseguraba de que Rowan estuviera seguro, el 90 por ciento de mi atención estuvo en calmarme y reconfortarme a mí misma. Mi mente se inundó de compasión, hasta el punto de que dominó mi experiencia, mucho más que mi hijo gritando. Además, como ya había descubierto, cuando yo estaba en un marco mental más pacífico y amoroso, Rowan también se calmaba. Cuando me tranquilicé a mí misma, él se tranquilizó también.  

 

Cuando nos ocupamos de nosotros mismos tiernamente en respuesta a nuestro sufrimiento, nuestro corazón se abre. La compasión involucra nuestra capacidad para el amor, la sabiduría, el valor y la generosidad. Es un estado mental y emocional ilimitado y sin dirección, arraigado en las grandes tradiciones espirituales del mundo, y a disposición de todas las personas por el simple hecho de ser humanos. En un giro sorprendente, el poder nutritivo de la auto-compasión está siendo iluminado de hecho por métodos tenaces de la ciencia empírica, y un creciente cuerpo de literatura de investigación está demostrando de manera concluyente que la auto-compasión no sólo es central para la salud mental, sino que puede enriquecerse a través del aprendizaje y la práctica, como muchos otros buenos hábitos.  

 

Los terapeutas han sabido durante mucho tiempo que ser amables con nosotros mismos no es, como se cree a menudo, un lujo egoísta, si no el ejercicio de un regalo que nos hace más felices. Ahora, por fin, la ciencia está demostrando este punto.

 

Por Kristin Neff .Traducción, Belén Giner .Artículo original publicado en Psychotherapy Networker  

 

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