Cultivando la vida

Cultivando la vida

Se acerca un año nuevo y con ello un paso más en el recorrido personal de cada uno/a desde que nacimos. Un año para nuevos proyectos, nuevas personas que tal vez entren en nuestra vida, nuevas ilusiones y tantas otras cosas más.  Y también se aproxima la muerte de estos doce meses llamados 2017, aunque los once anteriores ya lo hicieron, y con ellos nuestra muerte se acerca un poquito más.

 

No es objetivo de este escrito ponernos tristes, miedosos o en cualquier otro estado de ánimo desagradable, sino todo lo contrario. Reflexionando sobre la muerte encontramos las claves para poder vivir mejor, más alegres, más satisfechos y cuando tenga que venir que nos pille en paz. Con frecuencia, me hago esta pregunta: si la muerte viniera a visitarme ahora, ¿cómo me gustaría que me encontrara? Y la respuesta siempre es la misma: tranquila, clara y agradecida.

 

Y esto, directamente me lanza a vivir cultivando estas tres cualidades para que cuando venga, haya podido disfrutar mi vida desde ellas.

 

Según el Dalai Lama, la muerte es una parte natural de la vida que todos deberemos afrontar tarde o temprano. Las dos actitudes que podemos adoptar ante ella mientras vivimos son las siguientes: o bien elegimos no pensar en ella, o bien podemos hacer frente a la perspectiva de nuestra propia muerte y, reflexionando con claridad sobre ella, tratar de reducir al mínimo el sufrimiento que puede producir. Sin embargo, con ninguna de estas dos actitudes podemos llegar realmente a vencerla.

 

Desde su perspectiva, contempla la muerte como un proceso normal, una realidad que acepta y que ha de ocurrir en tanto permanezca en esta existencia terrenal. Sabiendo que no puede eludirla, no ve que tenga sentido preocuparse por ella. Tiende a figurarse la muerte como un cambio de ropa cuando la que lleva está vieja y gastada, no como un final definitivo. Pero la muerte es imprevisible: ignoramos cuándo o cómo ocurrirá. Así pues, resulta sensato tomar ciertas precauciones antes de que se produzca realmente.

 

Es evidente que a la mayoría de nosotros nos gustaría tener una muerte apacible, pero también está claro que no podemos esperar una buena muerte si nuestra vida ha estado llena de agresividad, si nuestra mente ha estado agitada principalmente por emociones como la ira, el miedo o el apego inseguro y ambivalente a las cosas y las personas. Por lo tanto, si deseamos morir bien, hemos de aprender a vivir bien; manteniendo la esperanza de una muerte apacible, debemos cultivar la paz en nuestra mente y en nuestra manera de vivir.

 

¡¡Que todos/as tengamos un 2018 lleno de alegría!!

 

Fotografía: Alegria de vivir, 1946. Pablo Picasso.